martes, 17 de febrero de 2015

Winona Stay-In-Bed


Oh, lo sé. Llevo demasiado tiempo sin dar señales de vida. En Rethrick las cosas se han complicado un poco más de la cuenta. Pero he vuelto. Y estoy escribiendo. Estoy escribiendo a todo trapo. En breve tendréis noticias de Robbie Stamp. Oh, sí, de veras. Va en serio. Mientras, os dejo con el arranque del relato con el que colaboro en la estupendísima antología homenaje al gran Ripley, lo más parecido a Papá y Mamá que Fox Mulder y Dana Scully han tenido jamás. El primer investigador de Expedientes X. Cosas extrañas. Aparentemente imposibles. Como que un tipo vendiera el mundo en la época romana. Selling the world era el título del microrrelato (o breve de revista esotérica) sobre el que construí la historia de Monja Morris. Historia que comienza así:

"Tras la muerte del decididamente poco hablador y verde Garamask Chosky III, muerte que tuvo lugar la Nochebuena de 1985 en un pequeño pueblo del condado estadounidense de Montgomery, un pueblo llamado Duck Hill, famoso en todo el condado por los deliciosos patos asados que servían en el siempre abarrotado Duck Hill Grill, Morris Manning, una diminuta monja de la cercana Winona, aseguró tener razones suficientes para creer que su futuro hijo, el único descendiente del misterioso y verde Garamask, era el legítimo dueño del Mundo. Y puesto que la monja Morris, que se había cruzado con el verde emperador de Chyx Sassy en la fiesta de inauguración del único motel de Winona, el Winona Stay-In-Bed, había concedido, tres días después de la muerte de su fugaz amante, tres entrevistas a tres peródicos distintos, el FBI no tuvo más remedio que enviar a su casa a una pareja de agentes especiales para solventar el problema.

Los agentes se llamaban Gunner Grietzler y Habber Lorch. Ambos lucían un espeso y bien trabajado bigote rojo, tenían los ojos pequeños y se habían hecho tatuar sus propios nombres y su número de identificación en la nuca. Ambos habían querido ser marineros de pequeños y ambos eran lectores de Thomas Pynchon. Podría decirse que Gunner y Habber eran una sola persona que caminaba con dos pares de piernas distintos cada vez."

Extraído de Riplay. Historias para no creer. VV.AA. Jorge Carrión y Reinaldo Laddaga, ed. (Adriana Hidalgo Editora, 2015)

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