martes, 2 de agosto de 2011

"En directo, desde el aeropuerto de Bromma"


"Era una linda boda. Ella, pechugona y de largas piernas, vestía un traje de novia de última moda que apenas si ocultaba las zonas erógenas más conspicuas. El novio, un tipo alto, parecía un sacrílego cruce de James Bond y una versión en miniatura de King Kong. Tenía una brutal mandíbula protuberante y ojillas porcinos, y miraba con indolencia el gran tablero publicitario que había tras el sacerdote. Avanzaban en una nube de satén rosa y desodorante masculino, al compás de una sonora marcha nupcial y de los gritos entusiastas del público que llenaba el local y que ocupaba el pasillo tras ellos. Sobre sus cabezas, enormes letreros iluminados parpadeaban lanzando mensajes publicitarios, y el sordo rumor de los altavoces escupía música nupcial mezclada con los parpadeos de miles de bombillas y traidoras propuestas de ventas. La pareja nupcial se detuvo frente al sacerdote y las luces fueron amrtiguando su brillo gradualmente hasta dejarlos bajo un solo foco en medio de una oscuridad rumorosa y cálida.
-Antes de declarar a esta pareja marido y mujer - dijo el sacerdote - permítanme unas palabras sobre nuestro patrocinador. Una boda sin ropas de los almacenes NK no es una boda. Sólo las prendas de NK aseguran una vida de eterna felicidad conyugal".

El arranque de 'King Kong Blues', de Sam J. Lundwall, es, sencillamente, brutal. Publicada originalmente en 1977, el mismo año en que se publicó el 'Rumours', de Fleetwood Mac, y calificada por el tipo que se ocupó de la sinopsis de contraportada de OBRA DE LA DÉCADA (de la siguiente forma: "Cada década de este siglo ha producido una de esas obras que, utilizando las técnicas de la ciencia ficción, se han convertido en una prospección profética del futuro. Primero fue 'Cuando el durmiente despierta', de HG Wells, luego 'El talón de acero', de London, más tarde 'Nosotros', de Zamiatin, posteriormente 'Un mundo feliz', de Huxley, al que siguió '1984' de Orwell, 'Stand on Zanzibar', de Brunner, y por último, 'La naranja mecánica', de Burgess. El de esta década es 'King Kong Blues' de Sam J. Lundwall), 'King Kong Blues' es la historia de un aburrido oficinista de una empresa de productos estéticos al que se le encomienda la terrible tarea de encontrar a Miss Sobaco, una chica elegida al azar por una suerte de maquiavélica computadora (de la que Lenning, el oficinista, conoce el nombre, Anniki, pero poco más), para rodar el anuncio estrella de la empresa. Apenas tiene tres días para hacerlo y su recorrido por el enfebrecido Nuevo Mundo que imagina el sueco Lundwall es propio del K. Dick menos tremendista (y más juguetón: este es, el de ciertos rincones de 'Ubik'). En ese mundo (en esa Suecia), hay programas de televisión en los que los presentadores sueltan peroratas sobre botones de votación como la que sigue: "Bienbienbien, no todos pueden ganar, pero todo el mundo puede participar. Y esto, señoras y señores, nos lleva a la parte siguiente del programa ESTA ES MI VIDA; nuestro emocionante espectáculo en el que cuatro familias distintas apelan a la comprensión de ustedes explicándoles sus deplorables situaciones. Quienas tengan botones de votación en su televisor, podrán participar votando a una de estas cuatro familias, a aquella cuya historia más les conmueva. El premio se adjudicará, como siempre, a la familia que obtenga mayoría de votos. Bienvenidos a SM5X, la emisora que siempre les da...".

Sí, cualquier parecido con nuestra sociedad es pura coincidencia. ¿O no? A menudo los escritores, y más a menudo aún los escritores de ciencia ficción, dibujan un boceto del futuro (capaz de estirarse como chicle derretido, en el caso de los tipos como Lundwall, al ritmo de la palabra diversión, diversión, diversión) que mucho tendrá que ver con el dibujo final de la realidad y el fresco, al óleo, posterior que los que escritores (realistas, neorrealistas, ultrarrealistas, obsesorrealistas) que pasarán a la Historia, acabarán pintando algún día. ¿Y qué pasará entonces? Que nadie recordará que Sam J. Lundwall publicó en 1977 una novela divertidísima (que, a ratos, se desinfla, en especial, cuando se obceca en describir la situación religiosa del momento: sí, la Iglesia está pasando por un mal momento y le ha dado por volverse demasiado cool, y Lundwall, fascinado, vuelve una y otra vez al asunto, perdiendo a la futura Miss Sobaco y a nuestro adorado Lenning, todo un perdedor del futuro, por el camino) que no sólo ya hablaba de nosotros (chicos y chicas de hoy) en 1977 sino que lo hacía con un sentido del humor ciertamente admirable (atentos a la cita con la que se abre el libro: "Si quiere tener el placer de hacer una visita al Frente Occidental, no se demore, pues la limpieza de los campos de batalla se realiza con gran rapidez". Corresponde a un Anuncio del Rée's Travel, de 1919).

Sin duda, de haberlo leído en la época en la que leí 'Duluth', de Gore Vidal, habría sido una ENORME influencia para 'Bienvenidos a Welcome' y todo lo que estaría (y aún está) por llegar. Sirva como homenaje la cita al aeropuerto de Bromma, el aeropuerto principal de la novela (en el que se rueda un programa en directo que me fascina), que haré en la novela que ya estoy escribiendo, la cuarta, que vendrá justo después de 'La Chica Zombie'.

Su título provisional es '¡No puedes escapar del Capitán Futuro!'.

P.D. Casi lo olvido. Tengo buenas noticias. 'La Chica Zombie' se publicará a principios de 2013. Y el año próximo, llegará (POR FIN) la reedición (en bolsillo) de 'Bienvenidos a Welcome' a librerías. Seix Barral rules.