martes, 12 de julio de 2011

"¡No te puedes escapar del Capitán Futuro! ¡Estás muerto, marciano!"

Stephen King, el tipo al que Javier Calvo llama El Genio Más Perdurable de Nuestra Era, es, sin duda alguna, el escritor que más he leído y al que más le debo (desde el pensamiento del narrador, presente ya en Bienvenidos a Welcome pero sobre todo en Wendolin Kramer y aún más y de forma casi visceral en La chica zombie, mi particular homenaje a Carrie; hasta las mayúsculas cuando se habla de tipos con jersey de cuello alto, en plan, les presento al Señor Cuello Alto, pasando por la acumulación de detalles de la vida de personaje ultrasecundarios que, oh, demonios, gracias a ellos, están vivos). Pero vayamos por partes. He aquí todos los libros de Stephen King que he leído: Misery, La tienda, It, Apocalipsis, Tommyknockers, Carrie, El misterio de Salem's Lot, El resplandor, La zona muerta, Cujo, La mitad oscura, El juego de Gerald, Dolores Claiborne, La milla verde, Un saco de huesos, El cazador de sueños, El umbral de la noche, Pesadillas y alucinaciones, Posesión Corazones en la Atlántida, Rabia, La larga marcha, Carretera maldita, El fugitivo, Maleficio, Mientras escribo y Danza macabra. Sí, un montón. Un montón a los que hay que sumar las cuatro primeras entregas de La Torre Oscura (cuando Plaza & Janés compró la saga y contrató a un puñado de traductoras poco fiables, la abandoné). El total asciende a 31 libros (entre novelas, ensayos y colecciones de cuentos). En realidad, 32. Porque hace una semana acabé La expedición (también conocida como Skeleton Crew) una minicolección de relatos que me hizo recordar por qué adoro a Stephen King y hasta qué punto todo lo que hago es tratar de deformar y añadir, en la medida de lo posible, otro tipo de lecturas (cosas que me gustan y que recolecto de aquí y de allá, Hubert Selby Jr, Kurt Vonnegut, Evelyn Waugh, Gore Vidal, Douglas Adams, Phil K. Dick, ese tipo de gente), a lo que en su momento hizo King. Y digo en su momento porque desde que aquel condenado camión se lo llevó por delante todo lo que ha hecho King es dar vueltas alrededor de la mesa en la que imagino su máquina de escribir (la máquina de escribir de Jack Torrance, que es la misma que la máquina de escribir de Paul Sheldon) y tratar de convertirse en uno más de sus personajes (literalmente se cuela en La Torre Oscura, su obra fetiche, su homenaje a su adoradísimo Mago de Oz, el malo ausente, su Randall Flagg).

Bueno, tal vez eso no sea del todo cierto. No he leído demasiado al último King. Pero es algo que estoy tratando de solucionar. Actualmente tengo empezados los siguientes de sus libros: La cúpula, Las cuatro después de medianoche, Cell y Blockade Billy. A excepción de Las cuatro después de medianoche (estoy atrapada en el primer cuento, el excepcional, y muy lostiano, Los lagolieros, un King trepidante, violento, jugando a pilotar aviones y a dar saltos en el tiempo), son tres de sus últimas obras y, aunque reconozco que el arranque de Cell es un buen arranque (el ataque de la Niñata Zombie junto al carrito de helados) se pierde en el intento de dar credibilidad a la transformación moviliana del monstruo. Pero es sólo el principio. De la misma forma que al principio de La cúpula el enjambre de personajes avispa que se acumula ante los ojos del lector te impide ver lo que hay más allá (el coche partido por la mitad, la avioneta, la ardilla, un futuro inminente que es mucho más horrible de lo que jamás nadie pudo imaginar). Pero no estamos aquí para hablar del último King, estamos aquí para hablar del King de La expedición. El Gran King de 1985.

El primero de los relatos incluidos en La expedición es el que da título al volumen (español). Y cuenta la historia de una familia que debe trasladarse a Marte porque al padre le ha salido un trabajo allí. Habla de un momento en la Historia, con mayúsculas, en el que la gasolina es más barata que el pan (apenas un puñado de centavos el bidón) porque se ha inventado la teletransportación y todo se teletransporta (y eso incluye todo tipo de mercancías, con lo que ya no hay camiones en las autopistas). Pero para viajar a Marte hay que tumbarse en una camilla y esperar a que una suerte de enfermeros te apliquen una droga que te duerme durante lo que despierto serían miles de años. Con el fin de tratar de que los críos no se asusten (un crío y una cría que están descaradamente basados en los dos primeros hijos del escritor: Naomi y Joe), el padre (King) cuenta la historia del tipo que descubrió el teletransporte y de las primeras ratas que viajaron por el espacio (desapareciendo y volviendo a aparecer). Y la cosa se vuelve muy oscura. Tan oscura que el lector, como suele ocurrir cuando se enfrenta al Gran King, siente a la vez la tentación de dejar de leer (oh, Dios, esto se está poniendo feo, muy feo) y la imperiosa necesidad de acabar cuanto antes el maldito relato para saber qué demonios pasa. Porque la maestría de King está en el cómo no en el qué. La manera en que construye la historia es realmente fascinante. El terror, en su caso, acecha siempre en algún punto de la frase. En el momento en el que el niño aguanta la respiración para evitar que la mascarilla haga su efecto o en el silencio que rompe el fornit al golpear la barra espaciadora de la máquina de escribir. Porque la colección se cierra con un relato que parece un homenaje a la mente enferma del escritor (sí, todos tenemos una) y la delgada línea que separa el Mundo Real del (a veces pérfido) Mundo Imaginario. En La balada del proyectil flexible hay dos parejas (un escritor y su mujer, un agente y su mujer) y un ex editor sentados a una mesa. El ex editor empieza a contar una historia sobre Reg Thorpe, una especie de Jonathan Franzen, un tipo que escribió una Gran Novela y luego pasó demasiado tiempo alejado de los focos, tanto que acabó tomando el desvío y empezó a creer que en su máquina de escribir vivían pequeños monstruos. Lo mejor es que la historia arranca con la confesión del ex editor de que Reg no fue el único que se volvió loco. Lo que dice el ex editor es que él también se volvió loco después de recibir el relato de Reg. Pero, ¿le pasaba algo al relato? ¿Era una versión prehistórica de Nana de Palahniuk? Oh, no. El Gran King de los 80 es bastante más retorcido. Y lo que te impulsa a seguir leyendo hasta la última línea es el deseo de saber cómo demonios puede volverse loco alguien completamente cuerdo después de recibir un relato que opta a ser publicado en la revista que dirige, una revista que publica relatos de John Updike y tipos por el estilo. Una revista cualquiera. La frase que da título a este larguísimo post (suplo con él la ausencia del pasado martes) está extraída de ese relato que recomiendo especialmente a todos aquellos que aún no sepan a qué juega (o jugaba) King.

4 comentarios:

  1. Blockade Billy, por cierto, tiene una portada preciosa, como la de Riding the bullet.

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  2. King es un gran escritor,muchas veces vilipendiado por parte de los lectores "cultos".Si tuviéramos que enumerar a los grandes escritores que leen a King,quizá,esos que tanto critican les daría para pensar.Uno de los problemas es la frase;Superventas.Todo lo que és superventas es malo y no estoy de acuerdo con ello.Dickens,por ejemplo,lo era,y nadie estaría dispuesto a decir que el genial escritor inglés es una pifia.Michael Crichton tanbíen fue un superventas pero su escritura es espectacular,en fin,se podría poner numerosos ejemplos.
    El King que más me gusta es el menos terrorífico.Me gusta La zona muerta,Apocalípsis,La historia de Lisey,La Cúpula,etc.Uno de los relatos que más me han emocionado de él es El último peldaño que la escalera,recopilado en su libro Historias fantásticas,conmovedor.
    Saludos.

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  3. Gracias por la recomendación, Francisco. No he leído 'El último peladaño de la escalera'. Y supongo que ya estoy tardando. Un abrazo.

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  4. Yo me aficioné a la lectura gracias a Stephen King; Carrie fue lo primero que leí, por lo que me encanta que tu próx. novela sea tu particular homenaje a esta.

    Llegué a obcecarme tanto que creo que leí por años solo a King (hasta tenía mi lista para no repetirme); pero ya tocó conocer más mundo literario, (Philip K. Dick, jaja)

    Es un grande, y aunque últimamente no lo leo, tengo La cúpula a medias, siempre es una buena opción.

    Me has picado, aquí mi lista de libros leídos enteros con seguridad (a medias tengo unos cuantos y otros dudo..) del Rey :P

    Carrie, El resplandor, Cementerio de animales, El talismán, Los ojos del dragón, Los Tommyknockers, La tienda, La milla verde, Desesperación, La chica que amaba a Tom Gordon, Riding the Bullet, La casa Negra, La torre oscura 1 y 2, Mientras escribo.

    XD

    P.D. Vonnegut mola, solo que he leído muy poco de él.

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