martes, 7 de junio de 2011

Mulberry Sellers: 'Materializa un millón de espíritus y serás rico'


Mulberry Sellers es un hombre singular. Es a la vez abogado, agente judicial, materializador de espíritus, hipnotizador y curandero de almas. En su tiempo libre, inventa juguetes a los que pone nombres ridículos (el último se llama Puercos en la Pocilga). Su mujer cree estar casada con las mismísimas Cataratas del Niágara y su hija, Sally, prefiere su nuevo nombre, Gwendolen, porque hace que las otras chicas (del colegio privado en el que estudia) parezcan pajaritos que picotean alrededor de su (merecidísimo) despacho propio (¡un despacho propio! ¡una cría de instituto con un despacho propio!). Pero, ¿por qué ha cambiado de nombre Sally Sellers? ¿Y por qué Mulberry se empeña en que sus criados (en realidad, una pareja de negros a los que cuida su esposa y que no dejan de discutir) le llaman Conde Rossmore? Muy sencillo. Porque Mulberry Sellers es el Conde de Rossmore. El último de su estirpe. Una serie de malentendidos (y problemas con el correo) han hecho que durante al menos un par de siglos el verdadero conde de Rossmore (en realidad, su nombre completo es conde de Rossmore K.G.; G.C.B.; K.C.M.G.) no sea más que un farsante. Todo empezó cuando el primogénito de los Rossmore decidió marcharse a probar suerte a América y jamás regresó. El título pasó así a su hermano pequeño, que, al final de su vida, recibió una carta, del hijo americano de su hermano, reclamándoselo. Pero una serie de infortunios (y la definitiva muerte) hicieron que no pudiera ostentarlo. Y así sucedió una y otra vez hasta alcanzar al bueno de Mulberry Sellers y su pequeña y disfuncional familia. Cuando lo descubre, Sellers está convencido de poder materializar espíritus y ahorrar así un montón de dinero a todo el mundo. Mejor dicho, ganar él ese dinero. "Consideremos el ejército, por ejemplo. Actualmente consta de veinticinco mil hombres; gasta veintidós millones al año. Desenterraré a los romanos, haré resucitar a los griegos, proporcionaré al Gobierno, por diez millones al año, diez mil veteranos salidos de las legiones gloriosas de todas las épocas. Soldados que cazarán indios todo el año, montados en caballos materializados, sin costar un céntimo su manutención y desperfectos. Desenterraré a todos los hombres de Estado inteligentes, de todas las épocas y latitudes, y proporcionaré al país un Congreso que sabrá conducirlos a buen puerto...". Sí, Mulberry tiene un excelente plan. ¿Que un buscadísimo delincuente (manco) por el que ofrecen una cuantiosa recompensa muere en el incendio de un hotel? Mulberry se frota las manos y dice: "Lo materializaré y lo llevaré yo mismo hasta comisaría". Y cosas por el estilo. Por cierto, en ese mundo, en el mundo enfermo de Mulberry Sellers (y su padre: Mark Twain), las actrices sólo son famosas si dejan que sus joyas ardan en incendios de hoteles. Como hace "esa que causa sensación con sus papeles de vampiresa; ha conseguido hacerse una gran reputación, atrae a la gente igual que una riña de gallos, y todo se lo ha ganado por quemarse en los hoteles. La primera vez todos los periódicos hablaron de ella. Pidió aumento de sueldo y lo obtuvo. Se quemó por segunda vez, perdiendo de nuevo todos sus diamantes, y eso la hizo subir tanto que se elevó hasta las estrellas. Sus joyas se han quemado 35 veces y si esta noche se incendia algún hotel de San Francisco, acuérdate de mis palabras, allí se encontrará ella", cuenta Mulberry. En cualquier caso, mientras Mulberry se pregunta qué hacer con los falsos restos mortales (las cenizas divididas en tres tazones) del hijo del conde Rossmore (el auténtico farsante) inglés, que ha venido a América a tratar de vivir como un hombre más, y sentirse por fin igual al resto de los hombres, éste se ha cambiado el nombre y está compartiendo cama en una infecta pensión para mecánicos en la que ha descubierto que ser igual al resto de los hombres no es tan fascinantemente sugerente como le parecía desde su mansión.

'El conde americano' no es sólo una de las novelas más divertidas de Mark Twain, el hombre que primero fue tipógrafo (de hecho, lo fue durante casi toda su vida, iba de imprenta en imprenta, y aprovechaba para imprimir sus cuentos) y luego 'padre' de Huckleberry Finn y Tom Sawyer (oh, demonios, ¿por qué esos dos condenados chicos han cubierto de brumosa niebla del Mississipi el resto de la obra de Twain?), sino que fundamenta buena parte de la literatura dispuesta a reírse de casi todo (y casi todos) que tipos como Evelyn Waugh retomarían años después, pero no sólo él (en la historia hay un Gran Gadsby, y se escribió un puñado de años antes que la mítica novela de Scott Fitzgerald), Brautigan, seguramente el mismísimo Vonnegut, el endiablado Robert Coover, ¿quién sabe? Se dice que Twain es el creador de la narrativa moderna estadounidense, y yo me atrevo a afirmar que 'El conde americano' jugó tan bien con el humor inglés que incluso anticipó todos los clásicos de Waugh (mi favorito: 'Noticia ¡bomba!').

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