viernes, 30 de abril de 2010

Los edificios mosquito de Delmak-O


'Laberinto de muerte' es la novela número 26 de Philip K. Dick. La publicó en 1970. Un año después que la maravillosa 'Ubik' (tipos que se congelan para vivir casi eternamente y otros tipos que se desintegran en un mundo que envejece por momentos, a menos que se tenga a mano un frasco de Ubik, se agite bien y se rocie lo que sea que esté envejeciendo) y el mismo año en que escribió 'Nuestros amigos de Frolik 8' (la historia de un padre que quiere, a toda costa, tener un hijo Inusual). En 'Laberinto de muerte' Dios existe. Es una especie de súper computador espacial que escucha plegarias y envía a sus 'divinos' empleados (Caminantes) allá donde les necesiten. En ese mundo maravilloso, cuando alguien, un tipo cualquiera como Ben Tallchief, ruega a Dios (vía transmisor supersónico), que lo saque de su aburrida oficina, Dios responde a su plegaria enviándole al planeta Delmak-O junto a otros trece colonos que no tienen ni idea de por qué han sido enviados allí en, sí, narizones, naves espaciales de único sentido (es decir, pueden llegar hasta allí pero no pueden dar media vuelta). ¿Y qué les espera en Delmak-O? Un Edificio Gigante que se aleja de ti cuando te acercas y que se acerca a ti cuando te alejas. Un Edificio Gigante que tiene crías: diminutos edificios mosquito que los colonos adoptan como si fueran mascotas y pretenden adiestrar. En esas está Susie Smart (una explosiva rubia adicta al sexo que exige acostarse con todos los tipos que se le cruzan por delante) cuando, oh, oh, muere. ¿Muere? ¿Por qué? Un momento, ¿qué estamos todos haciendo aquí?, se preguntan todos los demás. ¿Por qué los pequeños edificios que intentamos amaestrar, están intentando matarnos? ¿Y si todo esto no fuera más que un experimento? ¿Y si no somos más que un puñado de fracasados que la Tierra está tratando de quitarse de encima fingiendo que existe un Dios que, como el genio de la lámpara, concede deseos y te busca trabajo?
La versión Dick de 'Los diez negritos' o un 'Ubik' en el que Dios y el Destructor de Formas se miden en un duelo absurdo, bajo la sombra del Edificio Gigante que no deja de moverse.

Título del primer capítulo: Donde Ben Tallchief gana un conejo en una rifa.

Título del capítulo 11: El conejo que ha ganado Ben Tallchief le contagia la sarna.

Precio: 8 euros.

Editorial: Plaza & Janés.

Colección: Mundos Imaginarios.

Extracto del prólogo que firma Vicente Verdú: "Solamente entre 1963 y 1964, por ejemplo, llegó a escribir diez novelas que planteaban su compleja acción en los lugares más intrincados".

Segundo extracto del citado prólogo: "Philip K. Dick atravesó por tres diferentes etapas a lo largo de su producción creadora. Una primera, a la que se llama "etapa política", que va desde 1951 a 1960, con decenas de cuentos y largos relatos de ciencia ficción más doce novelas realistas que fueron, en su mayoría, transparentes parábolas para denunciar el poder de las grandes corporaciones, el sistema militar-industrial o la manipulación de la opinión a través de los medios. Su última etapa, de 1970 a 1981, donde se concentraron sus dos intentos de suicidio y el ingreso en un hospital psiquiátrico, se la conoce como "etapa mesiánica" y durante ella el autor se cree depositario de verdades cuasi divinas".

martes, 20 de abril de 2010

Clark Kent salta por la ventana, Supermán enciende un cigarrillo


Imaginen a Lois decepcionada, no enfadada sino decepcionada con Clark Kent. Sentada en su sillón, hojeando una revista, mirándose las uñas (rojas) y preguntándose por qué ese tipo de gafas de enorme parecido con Supermán debería ser Supermán. Preguntándose, qué demonios, si realmente lo es. Porque si lo fuera habría saltado y habría salvado a la mujer que se tiró por la borda en pleno crucero (Lois y Clark estaban de vacaciones, en alta mar, cuando la cosa ocurrió) con el único fin de ser salvada por Supermán.
(Lois): Porque todo el mundo lo sabe.
(Clark): El qué.
(Lois): Que eres Supermán.
(Clark): Como si lo llevara escrito en la frente.
(Lois): Como si lo llevaras escrito en la frente.
(Clark): Estupendo.
Así que Clark no se tira a rescatar a la señora en cuestión, una groupie de Supermán, of course, y la señora está a punto de ahogarse. Y todo porque Clark tenía miedo de un corte de digestión. Acababa de comerse un emparedado o algo parecido y no quería que (CHAS) la zambullida le costara la vida. Pero, ¿puede un corte de digestión acabar con Supermán?
Oh, no, claro no.
Pero, ¿puede un corte de digestión acabar con Clark Kent?
Oh, sí, por supuesto.
¿Por qué?
¿Por qué? ¿Acaso alguien se ha preguntado alguna vez qué hacía Clark Kent en la cabina? ¿Y si no se quitaba la camisa? ¿Y si lo único que hacía era esconderse mientras el otro, ese Gran Otro, tan parecido al bueno de Clark, volaba a salvar a la princesa? ¿Y si..., oh, demonios, y si Clark Kent y Supermán fuesen (GLUM) dos personas distintas?

Bien. Lo son. Al menos en la fabulosamente adictiva 'Los últimos días de Clark K.', de Alberto Ramos, obra que funciona como el borrador del cómic que DC nunca publicó, o el piloto de la serie que todos estamos esperando. Superhéroes que deciden empezar a fumar y tosen. Novias de superhéroes que descubren que odian a los superhéroes porque son demasiado infantiles, demasiado estúpidos, demasiado perfectos. Tipos que no dejan de tirarse por la ventana y que siempre son el mismo tipo, Clark (Gafapasta) Kent, el torpe periodista al que más entrevistas ha concedido Supermán (en el papel, este caso, de Superhéroe que decide empezar a fumar y tose), el tipo, en definitiva, que odia los calzoncillos rojos y las medias azules. Entre otras cosas, porque su vida sería mucho más sencilla sin ellos.

Ese de ahí arriba es mi ejemplar. La única pega es que no está autografiado. Pero contiene la antológica escena del crucero maldito. O más bien, del Crucero En El Que Clark Kent Evita Un Corte de Digestión. Gracias a Daredevil que, por cierto, no es ciego, sólo se lo hace.

Todo esto y mucho más en Los últimos días de Clark K., o cómo convertir la vida del tipo de la capa roja en una comedia de enredo con cigarrillos, sexo, disparos, cabinas que esconden a torpes periodistas gafapasta y cortes de digestión.

Más sobre su autor aquí.

martes, 13 de abril de 2010

Cosas que pasan en Los Angeles


Ese de ahí es John Fante. Mi escritor favorito.

Y eso de ahí arriba es el cartel que demuestra que tiene una plaza en Los Angeles.
Está en el cruce entre 5th Street y Grand Avenue. Es ese cruce y no otro porque es justo donde vivió y muy cerca de donde se encuentra la biblioteca pública en la que Charles Bukowski descubrió que Dios existía y se llamaba, sí, John Fante.
El caso es que la inauguraron el pasado jueves (8 de abril), a eso de las 11 de la mañana.
A la inauguración oficial (unas palabras de Dan Fante, su hijo) siguió un pequeño 'tour' por la Zona Fante, esto es: un paseo por Bunker Hill, una vuelta en el Angels Flight Railway (el funicular de principios de siglo que se mantiene como atracción de feria callejera), una parada para pillarse un 'hot dog' en el Grand Central Market y una cerveza en el King Edward Saloon, que celebrará a partir de este año cada 8 de abril el Día John Fante.
Cosas que pasan en Los Angeles.

jueves, 8 de abril de 2010

Amsterdam


Lugar: Restaurante Le Zinc et Les Autres (Amsterdam)

Cena: Láminas de morcilla sobre algo parecido a pescado y un bistec poco hecho con una patata en forma de lápiz. Mantequilla. Pan con aspecto de bollo.

Media de edad de los integrantes de la mesa: 57 años.

Tema de conversación: Escritores. Escritores hablando de sí mismos hablando de otros escritores. O, lo que es lo mismo, Yo, yo mismo y Todos los Demás que son, por cierto, Peores que Yo.

Interlocutores: Periodistas españoles. Escritores holandeses.

Extracto de la conversación:

Escritor 1: Los escritores jóvenes creen que pueden llegar a ser escritores y no tienen ni idea.
Escritor 2: No tienen ni idea.
Periodista 1: Los españoles tampoco.
Escritor 1: ¿Hay escritores españoles jóvenes?
Periodista 1: Sí, bueno, si contamos con los argentinos y los colombianos, sí.
Escritor 2: ¿Argentinos?
Periodista 1: Sí.
Escritor 1: Lo que pasa es que no puedes ser escritor si tienes que trabajar. Lo dejas después del segundo libro.
Escritor 2: En cuanto tienes mujer e hijos.
Escritor 1: Imagina que tienes que dar clase en la Universidad.
Escritor 2: Yo tengo un amigo que lo hacía y nunca podía quedarse a tomar una copa porque tenía que madrugar.
Periodista 1: En España muchos escritores escriben artículos.
Escritor 1: ¿En serio?
Periodista 2: Sí.
Escritor 1: Yo antes escribía reseñas. Pero no está bien escribir reseñas si eres escritor. Si eres escritor lo que tienes que hacer es escribir.
Periodista 2: Claro.
Periodista 1: ¿Un poco más de vino?

Aclaración: En Holanda, los escritores cobran 55.000 euros al año por pasear por las calles de Amsterdam, reunirse con periodistas españoles y hablar de lo 'privilegiados' (sic) que se sienten.

No, en serio.
Odio a los escritores holandeses.