sábado, 12 de junio de 2010

¿Y si David Foster Wallace hubiera sido un escritor repelente?


Ayer estuve pensando en David Foster Wallace. En lo que solía decir su chica, Amy, (¿A cuánta gente se supone que quieres joder con este libro?) y en su condición de marginado escolar (él mismo cuenta en uno de sus artículos cómo los chicos de su clase le bajaban los pantalones y luego los calzoncillos), y se me ocurrió pensar que (TODOS ADORAMOS A DFW) después de todo, ¿alguien recuerda con la intensidad con la que se recuerda El nadador de John Cheever alguna de sus historias? Sí, eres capaz de recordar que había un personaje, en una de sus historias, que estaba aterrorizado ante la idea de que David Letterman se riera de él en directo, y que otros iban a una especie de convención de McDonald's (y nunca llegaban), pero, ¿qué más? Oh, sí, estaban esos dos tipos, el agente en silla de ruedas y el otro agente doble o qué sé yo, que se encuentran junto al Gran Cañón en La broma infinita ¿y qué más? Poco más. Porque, y lo admite él mismo en otro de sus artículos, DFW fue un SNOOT, variante literaria del niño repelente, y se pasó la vida tosiendo cada vez que alguien decía mal una palabra (y eso incluía a sus compañeros de clase) o repetía un sintagma. Un niño repelente que cuando se ponía a escribir convertía sus cuentos en artefactos estilísticos en los que, lo de menos siempre era el personaje, y lo de más, lo mucho que se lucía su autor, con textos brillantes (y, por supuesto, apetecibles y disfrutables hasta el infinito) que, sin embargo, están cerrados a cal y canto (su posición ante los personajes siempre es la del Genio Creador, por la que la empatía con los mismos queda descartada), tan cerrados como debió estarlo el propio David, el niño repelente que luego fue un chico repelente y acabó convertido en un escritor repelente, tan acostumbrado a esconderse que escribía como quien esculpe un bonito jarrón al que olvidan tatuar el motivo que lo hará universal. Porque uno recuerda la tormentosa peripecia del protagonista de El nadador pero no cómo estaba escrito, porque leyendo a Cheever se vive, y leyendo a Wallace, se lee.
Es lo que pensé ayer.
Quizá mañana haya cambiado de opinión.
Pero es lo que pensé.

8 comentarios:

  1. No he leído nada de Cheever, pero sí de Wallace. Me costó un huevo leer el primer relato de Extinción, no disfruté nada, nada, nada... Un agobio vamos. Del libro extinción es el único recuerdo que guardo. He tenido que volver a abrirlo para recordar el título del relato en cuestión: Señor Blandito. Los siguientes no me desagradaron, pero no puedo decir que me lo pasara bien... Tal vez tampoco era el momento. Quizá dentro de un tiempo cambie de opinión, como tú, como todos. Un abrazo Laura.

    ResponderEliminar
  2. La niña del pelo raro. Aunque lo leí hace mucho tiempo y tengo un vago recuerdo de el, me resultó bastante extraño, algo a lo que no estaba acostumbrado entonces, ahora ya me es mas familiar. Si recuerdo que inmediatamente después me compre La broma infinita, con la que aún no me he atrevido..

    ResponderEliminar
  3. Jajajaja... Yo estoy en plena 'Broma infinita' y he acabado el resto de su ficción (y buena parte de sus artículos) y me fascina, pero a la vez me pone nerviosa porque se esconde, y porque su obsesión por la nota al pie acaba siendo autoparódica.

    ResponderEliminar
  4. Empatizo cien por cien con este post.

    ResponderEliminar
  5. Tú el que más, Xavi. Dios, cada vez que pienso en lo que debiste currar en 'La broma infinita' tiemblo. Pero tiemblo en serio. Puro terror.

    ResponderEliminar
  6. Ah, no, no. Yo no traduje La broma infinita. He traducido todas las demás, pero no esa.

    ResponderEliminar
  7. Wallace es frío, cierto, pero también tiene personajes inolvidables. Faye y su compañera en "Animalitos inexpresivos"
    (Pista: http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2011/02/wallace-touch.html)
    o aquel Incadenza que portaba deformidades físicas y una cámara de vídeo en la cabeza.

    Yo también pensaba que Javier había traducido "La broma...", por cierto.

    Me está gustando mucho este blog al que acabo de llegar desde el de Javier Calvo.

    ResponderEliminar