viernes, 19 de marzo de 2010

Mi desayuno con Pola


El martes desayuné con Pola Oloixarac, la chica de moda.
Este es el artículo que escribí esa misma tarde y que se publicó al día siguiente (miércoles 17 de marzo) en El Mundo.

"Entendimos mal a Borges, las teorías son literatura"

A los 15 leía a Sabato, ahora colecciona orquídeas. Le gustan las películas de Todd Solondz, crueles y valientes, y las canciones tristes de Morrissey, igualmente crueles, sinceras y valientes. Cree que la filosofía es el playground de Satán y su primera novela, Las teorías salvajes (Alpha Decay), ha hecho saltar por los aires todo lo que se entendía por nueva literatura argentina, a base de un discurso musculoso (construido a conciencia, imposible de derribar) y sugerente, erótico y erudito a partes iguales, sí, transgresor pero también concienzudamente borgiano. «Creo que a Borges lo entendimos mal», dice su autora, Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), que no se sintió «cómoda» escribiendo hasta que decidió que las teorías que correteaban por su cabeza «también» eran y debían ser literatura.«Vivía en un universo empírico que nunca metía en lo que escribía. Lo de separar ambos mundos tiene algo de herencia borgiana. Escribir nos parece un trabajo superintelectual que no tiene nada que ver con el universo empírico. Pero no es verdad. Hasta que no me di cuenta de eso no empecé a pasarlo bien escribiendo, desde entonces soy feliz», sentencia Pola, que sonríe a menudo. Se está bebiendo un zumo de naranja y dice que antes «sólo sufría» escribiendo. También dice ser fan de Mario Bellatin, Alejandra Pizarnik y Nabokov. «Amo a Nabokov». De hecho leyó una y otra vez Lolita y Pálido fuego mientras escribía Las teorías salvajes. Lo de su afición por las teorías es otra historia. Una historia que tiene mucho que ver con uno de los protagonista de la novela, Pablo, también conocido como Pabst, terriblemente feo pero inteligentísimo. «Yo también me dedicaba a tratar de ganar siempre en todas las discusiones, jugaba, y todavía lo hago, a encontrar el argumento definitivo», confiesa.Pero, ¿qué pasa en Las teorías salvajes? Pues pasa que la narradora tiene una gatita a la que llama Montaigne y un pececito rojo, llamado Yorick, y está elaborando la teoría definitiva, mientras juega a dejarse someter por un bestia llamado Collazo y trata de seducir a su profesor (un tal Augustus, que huye de ella). Mientras, Pabst se lía con la rarísima Kamtchowsky, y elaboran un millón de teorías sobre lo que la inteligencia le debe a la fealidad, hasta que Andy y Mara los abordan en una fiesta y les proponen formar una extraña «pareja» a cuatro. Lo raro es que Andy y Mara son demasiado guapos y están dispuestos a desmontar todas sus teorías. Y luego está Van Vliet, el investigador, «antecedente fantasma» de la propia narradora, «totalmente enamorado de su objeto de estudio». Los tres universos se entrecruzan a un ritmo trepidante.Se cita mucho en Las teorías salvajes. Se cita a Leibniz y se habla de la peluca de Descartes. Y hasta se transcriben, a modo de «piezas arqueológicas», anuncios de Levi's y horóscopos de revistas femeninas. «Tan siniestros que han llegado a creer que me los he inventado, pero son reales, me gustaba la idea de rescatarlos y darles ese toque arqueológico», dice Pola, que confiesa leer «bastante chatarra», siempre más de un libro a la vez y «de forma caótica». «Leo muchísimo, me paso la vida leyendo», asegura. Leyendo y escribiendo. Ya tiene en marcha su próxima novela y lo único que puede decirnos de ella es que «va sobre plantas». «Me encantan las plantas». Reconciliada definitivamente con Borges, escribe bajo su sombra. «Es un fantasma divino, me gusta tenerlo cerca»

Segunda edición en una semana.

Pola empezó a escribir 'Las teorías salvajes' en 2005 (es decir, a los 28 años) y lo publicó en 2008, en la editorial argentina Entropía. El libro, un tratado retorcido sobre «lo que hay en el fondo de todas las cosas» (a su autora le gusta teorizar y analizar todo lo que hace y lo que hacen todos los que la rodean), se convirtió en una pequeña joya de culto, sin hacerse excesivamente visible. Su desembarco en España, dos años después, ha superado todas las expectativas. En menos de una semana, se ha puesto en marcha la segunda edición. Las críticas no sólo han sido favorables, sino que han llegado a calificar su novela de «el gran acontecimiento de la nueva narrativa argentina». Algo que Pola no acaba de creerse. «No sé qué pensar de todo esto, lo importante es tener lectores», dice Pola, devoradora de ensayos, que aúna «tensiones» en su novela y ha pasado muchas tardes en la biblioteca (y en la hemeroteca) reuniendo el material que le ha permitido construir ese edificio indestructible al que ha llamado 'Las teorías salvajes'.

4 comentarios:

  1. Yo a los 15 también leía a Sábato. ¿Qué me pasó? Ah, que no estudié Filosofía, supongo...

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  2. Eso es como preguntarle a uno si es más de su papá o de su mamá... Va, a quién quiero engañar, soy de Martín. Pero que conste que, tras leer 'Sobre héroes y tumbas' por vez segunda, me atreví a escribirle un epílogo-final alternativo :P

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  3. ¿Y cómo era ese epílogo final alternativo?

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